Seguro que está de broma.

Hace justamente dos semanas empezó el año que precede al centenario del nacimiento de una de las mayores mentes del siglo XX. La cultura popular le recuerda por su trabajo en Los Alamos durante su contribución al Proyecto Manhattan. Responsable del departamento teórico donde no dejó de hacer notar su actitud y sembrar sus anécdotas. Incluso ante situaciones aparentemente tan insustanciales como monótonos e interminables cálculos.

Además, rechazó un merecido premio Nobel por cierta contribución a la física -él ya obtuvo su premio; “el premio es el descubrimiento”- que, pese a no ser conocida por su nombre, es un icono recurrente entorno a la (últimamente más carismática) cultura Nerd: Los diagramas de Feynman.

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Una maravillosa formulación que hacía de dolorosas ecuaciones engorrosas algo simple e intuitivo. No solo logró contribuir en gran medida a la teoría electrodinámica y continuar con los pasos del mismísimo Paul Dirac sino que también pudo entenderla hasta el punto de ser capaz de explicarla con garabatos.

Pero esta vez, la historia que contaré no hablará de física, no será la electrodinámica cuántica ni las armas nucleares. Con estos tópicos solo gastaría mi tinta y el tiempo de cualquier lector, considerando la cantidad y calidad al respecto. Lo que haré será justificar mi “divertida” (léase poco seria ☺) hipótesis.
Richard “dick” Feynman es el primer hacker informático de la historia.
Antes de acuñarse el término e incluso mucho antes de los primeros aficionados a perder el tiempo jugando con el funcionamiento de los sistemas de telefonía. Y desde luego que Feynman era un completo curioso, más obsesionado en descubrir y entender el cómo que en saber el qué. Romper los límites.

Durante su estancia en el laboratorio de Los Alamos tuvo pocas distracciones y entretenimientos, por lo que tuvo que idear su propio divertimento. Todos los responsables de departamento tenían una puntera y sofisticada caja fuerte, cuya seguridad estaba fuera de la ley, para almacenar cualquier material sensibleÉl decidió enfrentarse a ese reto que suponía la infranqueable seguridad. Y lo hacía todo, como era habitual en él, pensando.

No entraré en muchos detalles acerca de la seguridad, salvo que la cantidad de combinaciones posibles en las tres ruedas que tenía, eran un millón. Usando la fuerza bruta (esto es, probando todas las combinaciones) se tardaría en torno a un par de meses, a un buen ritmo. Feynman se las ingenió para reducir las combinaciones posibles, para abrir las cajas fuertes del resto de sus colegas en espectaculares exhibiciones, a poco más de 20 posibilidades y algo menos de un minuto.

¿Cómo lo hizo? Bien, por un lado tenemos la parte mecánica. A base de jugar y perder el tiempo con pruebas y errores, descubrió un fallo en el funcionamiento que toleraba un error de dos dígitos por encima y por debajo con respecto al dígito exacto. Si en uno de los discos el número era 32 -por ejemplo- entonces los dígitos 30, 31, 33 y 34 también servían para desbloquear dicha rueda. Eso reducía bastante el trabajo, pero no se contentó solo con conocer las vulnerabilidades de la propia caja. Es decir, la ingeniería social era demasiado útil para obviarla. Observando, se dio cuenta que la mayoría de contraseñas eran fechas. Habiendo días y meses limitados, eso reducía aún más las posibilidades. 3, 8, 12 servían para todos los meses; 3, 8, 13, 18, 23, 28, 31 servían para todos los días; y con eso ya solo quedaba un último disco. 1.000.000 de combinaciones habían quedado reducidas al 0.01%

Con esas 100 combinaciones posibles, entraba en las oficinas con su aire misterioso, cargado con una bolsa llena de herramientas y aparatos solo para impresionar más. No enseñaba cómo lo hacía bajo pretexto de seguridad y secreto clasificado, pero siempre hacía entrar a todos a los pocos minutos para que viesen la caja abierta.
Con el tiempo se fueron dando cuenta de que esas combinaciones tenían alguna debilidad, y algunos colegas empezaron a usar constantes matemáticas y otros valores para sus cajas fuertes. Y Feynman, no se quedó atrás.

Su perversa y taimada astucia lo llevaron a mejorar su método de las formas menos honorables posibles. Frecuentando el despacho de sus colegas, se dio cuenta de que a veces estaban abiertas, revelando así dos valores de la combinación y haciendo que incluso las más rebuscadas contraseñas quedaran reducidas a 20 combinaciones.

No era un ladrón; ni usaba ganzúas como todos pensaban. La única herramienta que empleaba era su mente. Dentro de las cajas no había ningún premio. El premio ya lo tenía: La satisfacción de resolver el acertijo y demostrar lo listo e ingenioso que era.

Supongo que su reputación y carisma entre los más jóvenes estudiantes de aquella época, la forma de transmitir y contagiar su curiosidad, pudo inspirar y dotar de determinación a los mejores hackers que todos conocemos. En el fondo, la computación o la informática empezaba a dar sus primeros pasos como campo propio fuera del nido de la física. La misma física electrodinámica de Dirac que Feynman, inspirado por este, continúo. El agudo ingenio que hoy hace posible la existencia de este pequeño homenaje.

Someone give this man his orange juice!
Siempre le recordaremos.

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About Santyago

Qué poco espacio! ventitantos, enamorado del arte y la ciencia, espíritu libre; irrefrenable en el ansía de la curiosidad, de la aventura... de no arrepentirme de haber perdido ni un segundo de mi vida

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